Es una de las decisiones que más veces vemos tomada al revés, y la corrección sale cara porque llega tarde.
Las tres preguntas que resuelven casi todos los casos
¿La gente va a entrar más de una vez por semana? Una app vive en la pantalla de inicio. Eso es una ventaja enorme para lo que se usa seguido, y un estorbo para lo que se usa dos veces al año. Nadie instala una app para cotizar una sola vez.
¿Necesitas algo del teléfono que el navegador no da bien? Ubicación en segundo plano, notificaciones confiables, lectura de códigos en volumen, funcionamiento sin señal, cámara con procesamiento. Si tu caso vive de eso, es app.
¿Quién la va a usar? Si es tu equipo interno o tus distribuidores, una app se justifica más fácil: hay una razón para instalarla y alguien que la pide. Si es el público que apenas te está conociendo, la fricción de la tienda de aplicaciones pesa mucho.
Casos donde la app sí se paga
Operación en campo, donde el usuario entra varias veces al día y a veces sin cobertura. Consumo de contenido con reproducción y notificaciones. Servicios con ubicación en tiempo real. Programas de lealtad con uso frecuente. Herramientas internas que reemplazan papel.
Lo que tienen en común no es la tecnología, es la frecuencia de uso.
Casos donde el sitio gana
Catálogos, cotizadores, formularios de contacto, contenido, comercio electrónico de compra ocasional. Todo lo que dependa de que alguien te encuentre en un buscador y entre por primera vez.
Un sitio bien hecho en celular resuelve eso sin pedirle a nadie que instale nada, y además se indexa. Una app no aparece en Google.
El costo que no se ve
Una app no termina cuando se publica. Hay que mantenerla al día con cada versión de iOS y Android, atender los requisitos de las tiendas, publicar actualizaciones y sostener dos plataformas. Ese mantenimiento es un costo recurrente que hay que presupuestar desde el día uno.
Un sitio se actualiza y ya está publicado. Para muchas empresas esa sola diferencia decide.
El camino intermedio
En varios proyectos la ruta que mejor ha funcionado es empezar por el sitio, medir cómo se comporta la gente en celular, y construir la app cuando los números muestran uso recurrente.
Así la app se diseña sobre comportamiento real y no sobre suposiciones, que es lo que hace la diferencia entre una app que se usa y una que se desinstala a la semana.
Si es app, una sola base
Salvo casos muy específicos, no tiene sentido desarrollar dos aplicaciones separadas para iOS y Android. Una sola base de código para ambas plataformas reduce el costo inicial y, sobre todo, el de mantenimiento, que es donde se acumula el gasto.
En Lava desarrollamos aplicaciones móviles y plataformas web a la medida, y la primera conversación siempre es esta. Si quieres que la tengamos con tu caso, escríbenos.